Remedios contra la crisis

Publicado en por Programa MYPES

Artículo del profesor José Ricardo Stok, originalmente publicado en el Diario Gestión el 19 de febrero de 2009.

 

¿No será que fabricamos un espejismo de crisis y nos lleva a decisiones equivocadas?

 

Probablemente, una de las palabras más citadas en los últimos meses ha sido esta: crisis. Y a fuerza de repetirla, pueden ocurrir dos cosas: que nos dediquemos con frenesí y atolondramiento a resolverla o paliarla, que nos acostumbremos a ella y nos resulte indiferente. Ambas cosas pueden ser nocivas.

 

Pero lo primero es ver si de verdad nos afecta una crisis. Qué duda cabe que Estados Unidos vive en una crisis económica y financiera: los colapsos de bancos, empresas financieras e industriales de gran renombre nos asombran; casi tanto como los rescates que el gobierno americano estructura.

No deja de llamar la atención que la principal causa de esta crisis sea un increíble incumplimiento de las obligaciones y deberes que les corresponde a los organismos de regulación, a los bancos comerciales y de inversión, a las calificadoras de riesgo y empresas financieras: incumplimiento que podría ser revelador de ambición desmedida, falta mora o, cuando menos, de una incompetencia supina.

 

Es lógica que coletazos de esos colapsos en cadena se repartan por el mundo: una consecuencia más de la globalización. Pero también es cierto que hay diferencias notables: donde se origina la enfermedad por la debilidad existente, y el resto: puede contagiarnos, pero no será así si estamos con fortaleza física, y especialmente, con claridad de criterios.

 

Qué duda cabe que el Perú tiene una posición realmente envidiable en términos de reservas, de solidez, y estabilidad económica, con un crecimiento basado en la satisfacción de necesidades reales y en el empuje de sus empresas y trabajadores. Por eso, llaman mucho la atención algunas manifestaciones de empresas o empresarios que reaccionan ante “la crisis” como si esta estuviera destrozándolos, o “por si acaso”.

 

Reacciones que encuentran comos solución el despido de personal son manifestación, salvo prueba de lo contrario, de pobreza imaginativa, pereza mental o comodidad malsana. Un empresario es justamente un hombre o mujer que conduce una organización con trabajo, dedicación y creatividad, y que ante las dificultades, sabe precisamente sacar lo mejor de sí para su empresa.

 

Actuar de otra manera es pervertir la naturaleza de la acción directiva. Es verdad que ciertos precios se han desplomado, pero también lo es que antes estaban muy altos. Estamos ante una economía de ganancias y pérdidas. ¡Qué fácil es ganar dinero cuando las cosas bien, y cuando van mal pretender mantener la ganancia sacrificando el trabajo de otros! Así sí que se genera una crisis real: la de los despedidos, que evidentemente tienen menos capacidad de soluciones.

 

Los buenos empresarios se demuestran en épocas turbulentas, cuando hacer las cosas exija más de cada uno, dando ese plus que es manifestación de calidad humana, entereza de ánimo y claridad de ánimo.

 

Por todo esto, hablemos menos de crisis y trabajemos más para consolidar el crecimiento del país. En buena hora que el Gobierno decida realizar inversiones en infraestructura: nada más importante. Parafraseando a Madame Roland de Platière, podríamos decir: ¡Oh Crisis, cuántas sinrazones se dicen en tu nombre!

 

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